Reflexión. Ignacio Macías Fernández

La asignatura de Aprendizaje y Enseñanza de la Lengua Griega ha tratado unos contenidos centrados principalmente en la elaboración de una unidad didáctica. Hemos visto cómo funciona este proceso, cómo hay que ajustarse a la ley, y los diferentes elementos que intervienen en la programación: contenidos, objetivos, criterios de evaluación, estándares, metodologías, recursos, instrumentos de evaluación, elementos transversales, competencias, atención a la diversidad.

Sin duda, aprender cómo se enfoca una tarea como esta resulta enriquecedor para nuestra futura profesión. Viéndolo a corto plazo nos servirá para preparar las prácticas y el TFM, y sin embargo, a largo plazo es una labor que también deberemos ser capaces de desarrollar continuamente.

Quizás lo que he echado en falta en esta asignatura ha sido ver ejemplos de técnicas de enseñanza del griego propiamente. ¿Tiene sentido enseñar las declinaciones en el orden que se suelen ver? ¿Los alumnos deberían conocer la evolución casual del indoeuropeo al griego? ¿Resulta útil usar textos inventados en griego clásico que resulten más fáciles a los alumnos? ¿Cómo enfocamos los textos, el uso del diccionario y las listas de vocabulario? Son cuestiones que vamos a tener que responder nosotros mismos desde la propia experiencia a base de ensayo y error, pero pienso que sería bastante útil conocer la experiencia de otros profesores viendo qué fórmulas funcionan mejor, dan buenos resultados y hacen que los alumnos terminen con interés y buen nivel.

Por último, a lo largo de la asignatura hemos ido presentando actividades creativas. Esta experiencia ha sido provechosa porque nos ha llevado a tener que planificar una actividad simulando una situación real, lo cual nos prepara para la docencia de forma directa y también porque hemos visto ejemplos de otras actividades de compañeros que podemos tomar prestadas y utilizar con nuestros futuros alumnos.

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